lunes, 2 de noviembre de 2015

Mi infancia son calas y malvones. Alguna amapola. Nísperos, ciruelas, granadas. Tardes sin siestas. Sol implacable. Muchos amigos para jugar en la vereda. La ligustrina como muro y espacio de solaz. Mis hermanas y la calesita. Películas en blanco y negro. Pipo Pescador. Buñuelos de banana. Mi abuela en delantal. Mi mamá inquieta y laboriosa. Mi papá cortando el pasto. Mis primos. Juegos hasta tarde en la vereda y en la calle. Una guitarra, un piano y un xilofón. El patio de la casa de la abuela Leocadia, que no era mi abuela. Las delicias de doña Odina. El malhumor de Francisco que era pura cáscara. Paseos en bicicleta cada vez más lejos. La cancha de Colegiales. La heladería Sorrento, que ahora perdió el nombre. Vélez Sarsfield y Avenida Mitre.
La escuela 17. Mis compañeros. Silvia, Adriana, Esteban, Gabriel...Marcelo que decidió una tarde de noviembre no seguir más. ´Pero cada vez que paso por la puerta de su casa lo sigo saludando.
Mi infancia son recuerdos. Mi infancia son fotos. Mi infancia son relatos.
Son carpetitas a crochet.
Son radios encendidas.
Son clases de danza clásica.
Son libros. Ansias de libros.
Son muñecas.
Son barras de amigos cantando la marcha peronista.
Son aromas.
Es lo que hoy me asaltó, agazapada, en una mañana casi perfecta...

sábado, 14 de marzo de 2015

Tres Historias de Varones.

Los tres reyes magos.

Ramiro se prepara para hacer su aparición en breve.
Juan conoce, a los cuatro años, a su nueva familia.
Ozzy, inmune, duerme en el recuerdo.

Ramiro quiere esperar. No le importan los pronósticos certeros o inciertos sobre cuándo hará su aparición. Tiene sus tiempos. Vive en la época tibia y marítima del vientre abultado. Ramiro será el único varón entre tres mujeres. Será juguete, hijo, hermano, sobrino, nieto...

Juan conoce a Andrea. Sólo sé esta historia por escuetos mensajes telefónicos pero me imagino los ojos de ambos reconociéndose. Me imagino el miedo, la alegría, las sonrisas, la esperanza abriéndose paso, el desaliento cediendo espacio a esas ganas de ser familia y, sobre todo, el temblor en las manos.

Ozzy es un tatuaje en el antebrazo de su mamá. Ozzy es un dolor enorme en el corazón de mi primo. Ozzy dejó a Luca solo. Decir su nombre es derramar lágrimas. Todavía duele esa ausencia. 

Los tres vagan por mi historia en estos días. Son ecos presentes.

lunes, 27 de julio de 2009

Tengo una familia numerosa

Tengo una familia numerosa. De parte materna nací sabiéndolo; crecí con ella; se fue extendiendo a medida que yo también crecía.
Por parte de mi papá, podíamos contarla con los dedos de las manos.
Hace un puñado de años, gracias a un viaje de su hermana a España, nos anoticiamos de la existencia de un hermano de mi abuela, allá, donde ella nació. Quedaba también una sobrina, hija de su hermana más querida. Ella fue quien contó que por Costa Rica había otra parte de la familia, hijos del hermano mayor, al que mi abuela pensó que seguía los pasos cuando, junto a su marido, decidieron que, pobreza por pobreza, elegían la que presentaba más oportunidades y decidieron que América pagaba más por los mismos números. Ese hermano al que pensó que seguía si el barco que abordaron no tuviera pensado como destino a Argentina cuando su intención era Cuba. Ese barco que la trajo acá ganándole a la ignorancia de los puertos americanos cercanos unos de otros; agnósticos de la amplitud latinoamericana, de los kilómetros sin sentimientos que separan países, fronteras, ciudades...
Así, sin partos previos, nos creció la familia paterna, de un día para el otro.
Fue una primavera fértil.
De pronto nos encontramos, distancia por medio, con dos sobrinos, mujer y varón, G y JD. G tenía tres hijos que adoraban a su abuelo. Ese abuelo que murió tratando de ubicar a su hermana en Argentina; ese abuelo que se llevó la tristeza de no encontrarla a la tumba. Ese abuelo que les trasladó a sus hijos la búsqueda.
Tengo una familia numerosa por ambas partes. La de mi mamá tiene las raíces que dan el conocimiento, el crecer juntos, el compartir bautizos, cumpleaños y todo tipo de acontecimientos. La de mi papá tiene la magia de reconocernos las voces en el teléfono.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Día 31, ya para este momento de la escritura, 1° de enero

Supimos de Uds. de su encuentro con todos en el aeropuerto. Supimos del llanto de la alegría, del llanto del conocerse, del llanto por aquella que tendría que estar, y que no está.
Supimos que están bien.
Supimos que tratan de adaptarse a pesar de ser el primer día.
Nos comunicamos por teléfono. Nos escuchamos. Y, qué raro!!! la distancia juega locas experiencias, pero el nudo en la garganta no era sólo mío. Mis padres lo compartieron. Si bien es el primer año que no lo pasamos juntos, también es el primer año que Encarna no nos acompaña físicamente.
Me juego todo, absolutamente todo, que estuvo con cada uno de nosotros a pesar de ese inmenso océano y los kilómetros, que una vez, hace una pila de años, la separó para siempre de sus afectos.
Esos afectos que estamos recuperando, trenzando, encadenando con palabras y sentimientos.

domingo, 30 de diciembre de 2007

HISTORIAS DE MI HISTORIA


Aventura UNO de Argentina a Costa Rica: viaje de iniciación para dos.
Día 1, domingo 30 de diciembre.
Partieron seguros de lo que estaban emprendiendo. Partieron con miedo. Partieron con ansias.
Desde acá, después de una navidad, la primera de su ausencia, se presentía que no iban solos. No eran tres; eran cuatro almas que tenían un rumbo fijo. Cuatro almas que fueron en busca de una parte de la historia que habíamos empezado, no hace mucho, a trenzar.
Esperamos noticias.